LA SALUD Y SUS
DETERMINANTES SOCIALES
Desigualdades y
exclusión en la sociedad del siglo XXI
La salud del siglo XXI se
encuentra “salutizada” dado que la salud es un derecho, un valor, una
aspiración, un recurso, una necesidad y una demanda social que está en el
centro de las decisiones en la práctica totalidad de ámbitos públicos y
privados.
El ideal de mens sana in corpore
sano de Hipócrates (460 a.c.) consigue explicar la enfermedad a partir de la
influencia de factores naturales (Dubos 1987). Sin embargo este conocimiento
permaneció olvidado durante gran parte de la Edad Media. Durante la Revolución
Industrial se empieza a abandonar la explicación mágica de las enfermedades,
comenzándose a evidenciar asociaciones entre la situación de salud de la
población y determinadas condiciones de vida. Los cambios socio-demográficos
que acompañaron a la Revolución Industrial trajeron graves consecuencias para
la salud de la población: cólera, tifus, tuberculosis, desnutrición infantil,
alcoholismo, abandono de niños, y todo ello como resultado del éxodo del campo
a la ciudad y los graves problemas de hacinamiento, empobrecimiento y
marginación a las que llevaban las malas condiciones de trabajo y de vida.
Antecedentes: Hasta
mediados del siglo XX la idea de salud se había caracterizado por su concepción
puramente física-biologicista y por ser definida a partir de la enfermedad; es
decir la salud era la ausencia de la enfermedad y la atención sobre el binomio
salud-enfermedad estaba centrada en explicar las causas de la enfermedad.
En 1946 la Organización Mundial
de la Salud (OMS) define la salud como “El estado de completo bienestar físico,
mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”; los
aspectos innovadores de esta definición hicieron que marcara un hito en su
momento con repercusiones importantes que han llegado hasta hoy, en especial el
enfoque positivo de la salud. Nos parece importante resaltar que la salud es,
por primera vez un derecho humano universal, estando presente en el artículo 25
la Declaración Universal de los Derechos Humanos debe estar al alcance de todos
“sin distinción de raza, religión, ideología política o condición económica o
social” (Martínez de Pisón 2006).
La salud y la enfermedad no deben
concebirse como conceptos estrictamente biológicos e individuales y se deben
formular como procesos condicionados por determinadas circunstancias sociales y
económicas. “Uno subjetivo que se refiere a “sentirse bien” y el otro objetivo
que implica “la capacidad para la función”; también Salleras habla de “el logro del más
alto nivel de bienestar físico, mental y social y de capacidad de
funcionamiento que permitan los factores sociales en los que viven inmersos el
individuo y la colectividad” -Salleras 1986.
De esta manera, las sucesivas
reflexiones han ido conectando el proceso salud - enfermedad desde lo personal
a lo social y comunitario, conexión establecida desde siglos anteriores en el
movimiento de medicina social liderado por personas como J.P. Frank o Sigerist
(Sigerist 1998). Hernán San Martín (1995) es un destacado salubrista que
destaca el carácter social y multifactorial de la salud, afirma que “nos ha
costado siglos darnos cuenta de nuestro bienestar biológico, social y mental;
que la salud y la enfermedad, no son meros accidentes en nuestra vida, sino que
corresponden a situaciones ecológicas, económicas y sociales bien precisas que
nosotros mismos, a través de nuestra historia, hemos provocado”. De esta manera
la salud es entendida como un proceso de adaptación; a partir del cual, salud y
enfermedad son fenómenos relacionados con acontecimientos biológicos, la
trayectoria personal, el entorno físico, social y cultural de las personas, en
una relación que envuelve la vida de las personas.
La búsqueda de los determinantes sociales de la salud y las causas de las desigualdades
El concepto de desigualdad en salud alude al impacto que tienen, sobre la distribución de la salud y la enfermedad en la población, los determinantes sociales como la riqueza, la educación, la ocupación, el grupo racial o étnico, la residencia urbana o rural y las condiciones de habitabilidad o equipamientos del lugar en el que se vive o trabaja.
La OMS define el concepto
desigualdad como las diferencias en materia de salud que son innecesarias,
evitables e injustas; por lo tanto es un concepto que incluye una dimensión
moral y ética. El fenómeno de las desigualdades en salud está caracterizado
según Daponte por injusto y evitable, además de su ubicuidad, consistencia, su
enorme magnitud, su carácter gradual, su tendencia creciente, su persistencia,
su carácter histórico y su carácter adaptativo (lo que indica que los grupos
sociales mejor posicionados socialmente son los más beneficiados de las
acciones sanitarias y sociales dirigidas a mejorar la salud - Daponte 2009. La
equidad en salud hace referencia a la
disminución o ausencia de estas diferencias -Amartya Sen, Premio Nobel de
Economía y miembro de la Comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud, 2006.
Una revisión del concepto de
salud, desde lo biológico a lo socio-política
Hasta mediados del siglo XX la
idea de salud se había caracterizado por su concepción puramente
física-biologicista.
El enfoque multicausal del
proceso salud-enfermedad a través de la interrelación compleja de cuatro
grandes determinantes: la biología humana, el medio ambiente, los estilos de
vida y el sistema de atención sanitaria. Estos factores pueden clasificarse en:
a) organización general de un país, política, sociedad, servicios, equidad,
justicia, paz, familia, protección social; b) determinantes demográficos,
edad media, distribución de los grupos de edad; c) determinantes biológicos,
genéticos; d) determinantes medio ambientales, agua y su calidad, aire, entorno
químico y tóxico, energético; e) prosperidad, renta, reparto de la riqueza; f)
cohesión social, categorías sociales, desigualdades sociales, relaciones
familiares y sociales, etc.; g) sistema educativo, acceso, características; h)
valores, nivel de formación y de información, acceso; i) sistema de atención
sanitaria, cobertura, calidad, alcance de los mismos, efectos sobre la
población, etc.
De forma resumida, se han
establecido dos modelos a la hora de intervenir en la mejora de la salud
colectiva, bien desde un modelo del déficit (centrado en la enfermedad y en los
factores de riesgo) o bien desde un modelo promotor de salud que pone atención
en el empoderamiento y la intervención en los entornos vitales de las personas,
favoreciendo el control de los individuos y grupos sobre las variables que
condicionan su salud.
Los riesgos son visibilizados
mediante la identificación de factores que amenazan la salud humana: carga
tóxica, residuos radioactivos, ruidos o emisión de gases invernadero a la
atmósfera entre otros muchos factores que plantean un entorno físico amenazado
y directamente relacionado con importantes problemas de morbimortalidad -Unión
Europea, 2003. Junto a ello coexisten bolsas de pobreza y desigualdad en los
países, y marcados desequilibrios en el reparto de la riqueza entre países.
Desigualdades de género en
salud.
Las mujeres tienen una mayor
esperanza de vida y, a pesar de que nacen más niños que niñas, éstas sobreviven
más que los niños. Esto se traduce en que en la mayor parte de las zonas
geográficas del mundo hay 106 mujeres por cada 100 hombres. Sin embargo, se da
la paradoja de que aunque las mujeres viven más, su estado de salud es peor y
presentan una mayor morbilidad que los hombres -Sánchez 2003; en general las
mujeres presentan una prevalencia más alta de enfermedades crónicas y tienen
una percepción más negativa de su nivel de salud -Borrel 2004.
Los fenómenos relacionados con la
exclusión social, afectan en mayor medida a las mujeres que a los hombres,
tanto en los países ricos como en los países pobres Tal y como señala Gómez en
el 2002, “la equidad de género en el ámbito de la salud debe entenderse,
entonces, como la eliminación de aquellas disparidades innecesarias, evitables
e injustas entre mujeres y hombres que se asocian con desventajas sistemáticas
en el contexto socioeconómico”. Entendiendo que la equidad incluye que hombres
y mujeres tengan similares niveles de salud y bienestar; que tengan un acceso
equitativo a los recursos sanitarios; y que hombres y mujeres tengan las mismas
capacidades para participar en la toma de decisiones y una similar distribución
de responsabilidades y de trabajo o, como lo denomina Gómez, “la participación
para la producción de la salud”. En definitiva la salud de las mujeres además
de un componente biológico está condicionada por determinantes psicosociales, y
por determinantes socioeconómicos y productivos, siendo además el género un
determinante transversal de otros determinantes como son la edad, clase social
y etnia que pueden introducir más factores de desigualdad e inequidad que
agravan la situación de las mujeres.
Hechos probados y evidencia en materia de desigualdades en salud.
El enfoque de salud pública de p¡el
enfoque del gradiente de salud se relaciona con las diferencias de salud entre
todo el espectro de la población, que reconoce un patrón sistemático de
desigualdad en salud. Las desigualdades en salud seguirán existiendo, lo que
también significa que los determinantes sociales siguen ejerciendo su influencia.
La investigación puesta de manifiesto por Marmot (2005) pone de manifiesto
diferencias notables en indicadores clásicos de salud y concentración del
riesgo en los grupos más vulnerables; inmersos en situaciones de carencia
material y/o social (desempleados de larga duración, inmigrantes,
discapacitados, desarraigados, personas sin hogar, pobres, etc.), El círculo
vicioso de carencia, marginación, exclusión se asocia a otros efectos como la
peor calidad de la vivienda, entornos peor equipados y deteriorados y peor
accesibilidad a los servicios de salud. De esta manera cada persona puede ser
“etiquetada” como poseedora de mayor o menor riesgo de exclusión, siendo este
un fenómeno diseminado socialmente a partir de la extensión de la
precarización. La difusión del riesgo a lo largo del ciclo de la vida se
encuentra además relacionado con las dinámicas familiares y con la capacidad de
conciliar las demandas de la esfera personal, familiar y laboral. La familia ha
sufrido procesos de transformación notables (incorporación masiva de la mujer
al mundo laboral, devaluación de la autoridad parental, la aparición de nuevas
formas familiares, cambios en los roles familiares y un notable incremento de
rupturas) también relacionados con este fenómeno.
La exclusión social es definida
por la Unión Europea (2004) como el resultado de procesos dinámicos y
multidimensionales, inducidos por relaciones de poder desiguales, que
interactúan a través de cuatro dimensiones fundamentales (económica, política,
social y cultural), y a diferentes niveles, incluyendo el individual, hogar,
grupo, comunidad y a nivel mundial. El resultado es un continuo
inclusión/exclusión caracterizado por un acceso desigual a los recursos,
capacidades y derechos, que conduce, entre otros resultados a las desigualdades
en salud antes comentadas. La exclusión social aleja a las personas de las
oportunidades de empleo, ingresos, educación y formación, así como de las redes
y actividades sociales y comunitarias que son claves para el mantenimiento de
la salud y de la calidad de vida. En la relación entre género y exclusión se
destaca que ser mujer, mayor, y vivir sola aumenta de forma considerable el
riesgo de pobreza
Respecto de los jóvenes, su nivel
de bienestar está relacionado con su dependencia familiar y económica del hogar
familiar de origen. Se afirma en el informe que si se emanciparan siguiendo el
modelo tradicional de una pareja con un solo sustentador, siete de cada diez
jóvenes que siguen viviendo con sus padres serían pobres.
Discapacidad y exclusión
Las personas con discapacidad son
identificadas como colectivo vulnerable a la exclusión social, además de
personas mayores, infancia y familias en situación o riesgo de exclusión,
personas drogo dependientes, enfermos de sida, población inmigrante,
solicitantes de asilo, población reclusa, colectivo gitano, mujeres en situación
o riesgo de exclusión y personas sin hogar -Moriña Díez 2007.
El conocimiento acerca de la
relación entre discapacidad y exclusión pone de manifiesto de forma consistente
que los ingresos medios por familia son sustancialmente menores en una familia
con una persona con discapacidad, existiendo relación entre gravedad de la
discapacidad y el grado de pobreza y exclusión. Las mujeres con discapacidad
viven frecuentemente en pobreza y en situaciones de exclusión social.
Además, la situación también
tiene un gran impacto sobre los padres (la mayor parte madres) de personas con
discapacidad severa, que deben compensar esta falta en detrimento de su
trabajo, ingresos y derechos de pensión, pero también de su propia
participación en la comunidad y entorno social.
Consideraciones finales
El estudio de la evolución del
concepto de salud desde el concepto centrado en la enfermedad al concepto
multidimensional de la salud y su relación con los determinantes sociales ha
hecho posible establecer un debate en relación a los factores explicativos de
las desigualdades en salud incluyendo la identificación de los factores
sociales que explican el origen de las desigualdades sociales o el gradiente
social. Se ha identificado la brecha existente entre la salud de hombres y
mujeres, brecha sólo explicable en términos de diferencias de roles,
actividades, distribución de recursos, poder y toma de decisiones, debido a su
desequilibrada posición en la sociedad actual (producción, distribución y
consumo de servicios), en el marco de la globalización económica, del
debilitamiento de los derechos sociales y del efecto protector del estado de bienestar.
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